Un article de Walter Arias
Entre aquell febrer i aquest novembre, no vull l’enyorança
d’ulls immòbils i lentes llàgrimes que necessita
orfeons i corrandes,
sinó la duresa del temps que fa navegables els records
i desenterra imatges.
Agustí Bartra. Oda a Catalunya des dels tròpics.
¿Qué hacía mirando el directorio telefónico de la ciudad de Guanajuato? No lo sé, ocio seguramente. El caso es que encontré un apellido que me sonaba familiar, Ferrer Falgueras, no porque lo conociese de algo sino porque mi objeto de estudio estaba relacionado con las diásporas y los exilios de catalanes en México, aquellos apellidos sin duda eran de alguno de ellos. La ventaja –o a veces desventaja– de vivir en un pueblo como Guanajuato es que la mayoría de las personas nos conocemos de algo, al menos de vista, así que me informé a través de conocidos si era posible tener una conversación con aquel hombre y las referencias fueron favorables para conseguir una entrevista.

Cuando salí de su casa me arrepentí de no haber llevado una grabadora para guardar esas anécdotas que me explicaron, y mi memoria por desgracia no es tan buena cuando se trata de datos tan valiosos y abundantes. Intentaré recordar algunos –pido disculpas si cometo errores con algunos detalles, y me arriesgo a que un familiar suyo me corrija, esperando no incordiarlo–. Luis Ferrer Falgueras había servido al Primer Batallón de la 136 Brigada, perteneciente a la 33 División del Ejército Popular Republicano, la cual finalmente en 1939, destacada en Madrid tuvo que salir hacia el exilio.

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Coincidiendo con la nacionalización de la industria eléctrica en México, –aquella especie de contrato de compra-venta que hizo el gobierno de Adolfo López Mateos– se consolidó la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y el señor Ferrer había sido trabajador del sector eléctrico en Cataluña antes de la guerra, y mediante una recomendación que le había hecho el General Lázaro Cárdenas, pudo incorporarse a la empresa mexicana de electricidad. Con ese trabajo se jubilaría y también adquirió la casa donde vivía, que formó parte de una antigua hacienda de beneficio donde amalgamaban la plata. Casi enfrente de las oficinas de la CFE.
Yo intenté captar todo lo que me contaba y grabármelo en la cabeza mientras bebía una coca-cola que me había llevado su mujer. Mi reloj marcaba ya las 17:00 cuando consideré que era tiempo de irme y dejarlo para una segunda charla. Al señor Ferrer le dio mucho gusto hablar en catalán con alguien además de su mujer, y también que una persona joven se interesara por su apasionante vida. Los tiempos habían cambiado, su descendencia toda era mexicana y las circunstancias muy diferentes a las de sus nietos. Me explicaba que mientras uno de sus nietos más jóvenes a sus veintipocos años le decía que sus deseos eran comprar un coche último modelo, él le replicaba que a su edad ya mandaba a un ejército. Antes de marchar me mostró las publicaciones que recibía en catalán, como la publicación del Partit Socialista Unificat de Catalunya, (PSUC) Treball que lo leía en su juventud y algunas ediciones del Orfeò Català de la Ciudad de México. Salí de su casa con gran satisfacción de haber conocido a aquel hombre. Al cabo de un mes me enteré del fallecimiento de su mujer, lo llamé para darle el pésame y decidí esperar un poco más para pedirle otra cita.
Un día tomando un café en el centro de la ciudad abrí el envoltorio del azúcar, me fijé que ponía con letras pequeñas: Elaborado por Estuchados de Azúcar Gloria, guardé el “papelito” con la intención de mostrárselo cuando lo viera nuevamente, pero no pude volver a hablar con él. Habían pasado unos cuantos meses del fallecimiento de su mujer cuando él también se fue. Me quedé con un sentimiento de pena y como siempre ese frustrante vacío que dejan los fallecimientos, pensando en todo aquello que no pudimos llegar a decir. Estoy seguro que le hubiese dado mucho gusto ver el nombre de la empresa que él fundó.

Es necesario velar porque estas experiencias, tanto la del señor Luis Ferrer Falgueras, como la de Don Román Fernández López, y las de tantísimos otros que llegaron a México en circunstancias diferentes pero igual de valiosas en experiencias y legados a la tierra de acogida, sean recuperadas para el bien de la memoria histórica de México, de Cataluña y de España.
Walter Arias
Barcelona, mayo de 2011.
1 Agradezco especialmente a Estuchados de Azúcar Gloria, quienes amablemente me facilitaron información sobre la historia de la empresa. Con sus actuales propietarios continúa ofreciendo calidad, variedad y originalidad a los cafés y restaurantes de todo México.
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